Telemedicina en cronicidad

“Teleictus ya forma parte de la rutina; parecía más complicado de lo que es”.

Actualmente la telemedicina, concepto que incluye el telediagnóstico, la teleconsulta y la telemonitorización está ampliamente extendida en la práctica médica habitual, existiendo muchos proyectos en marcha, algunos de ellos en forma de proyectos pilotos debido a su complejidad o la gran cantidad de pacientes que deben incluir.

En concreto, el uso de la telemedicina en la gestión de las enfermedades crónicas pretende proporcionar una mejora en el proceso de atención mediante la detección precoz, el oportuno inicio del tratamiento y el seguimiento continuo del paciente respondiendo al agravamiento de la enfermedad.

Tunstall's Integrated Care Platform (ICP) solution

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Recientemente se ha publicado el estudio “The Empirical Foundations of Telemedicine Interventions for Chronic Disease Management” donde se analiza con amplitud la documentación existente y relevante sobre el impacto de la telemedicina en el tratamiento de enfermedades crónicas. En concreto, insuficiencia cardiaca, ictus y EPOC, eligiendo estas por su prevalencia, morbilidad, mortalidad y costo.

En primer lugar debemos hacer hincapié en los factores por los que la telemedicina en los enfermos crónicos está tan presente hoy en día.

  • La composición demográfica de la población ha cambiado hacia una mayor esperanza de vida lo que se transforma en una mayor proporción de grupos de edad avanzada que sufre las enfermedades crónicas.
  • Los avances de la ciencia médica y la tecnología han llevado a crear sofisticadas herramientas de diagnóstico pero que contribuyen un mayor gasto sanitario.
  • Internet ha aumentado la conciencia de los ciudadanos al respecto de las enfermedades al facilitar el acceso a información de salud, lo que repercute en una mayor demanda de atención médica.
  • Discontinuidades en la atención del paciente, dificultades en la prestación del servicio sanitario por falta de financiación y prevalencia de estilos de vida poca saludables han contribuido a empeorar la situación de los enfermos crónicos.

Programa ValCrònic

En este escenario las Tecnologías de la Información deben apoyar la atención de una población dispersa, pero, más importante aún, deben ayudar en la mejora de la eficiencia, la eficacia, la coordinación y continuidad de la atención médica.

En realidad no hay una variación en los actores de la asistencia sanitaria tradicional y la asistencia utilizando la telemedicina, éstos siguen siendo; los pacientes, los profesionales médicos y la tecnología. Pero sí que existen nuevos condicionantes:

La involucración del paciente:

El uso de la telemedicina en la gestión de las enfermedades crónicas debe involucrar a los pacientes en su cuidado, facilitar la adopción de estilos de vida saludables y la adherencia al tratamiento. Un paciente más empoderado, formado y comprometido garantiza mejores resultados en salud y produce ahorros de costes.

Los procesos de atención médica:

La telemedicina cambia las entradas de los procesos tradicionales de atención médica. “El problema no es la telemedicina, el problema es que no cambian los programas de gestión de los crónicos. Los resultados no van a mejorar si no modificamos la gestión médica y de enfermería“.

Parece demostrado que hay mejores resultados cuando se diseña un protocolo para el servicio de telemedicina en el que se participan todos los profesionales médicos y se incluye la tecnología. Este protocolo debe regirse por un sistema de toma de decisión en la atención al enfermo que pueda ser evaluado a lo largo del proceso.

Segmentación de pacientes:

Se debe tener muy presenten que el uso de la telemedicina no tendrá los mismos resultados en función de características de los pacientes como la edad, la gravedad de su enfermedad, su comorbilidad, su destreza a la hora de utilizar tecnología, su implicación en el tratamiento, etc.

La tecnología:

El tipo de tecnología y sus funcionalidades avanzadas facilitan mejores resultados.La tecnología debe avanzar en dos direcciones; demostrar su eficiencia adaptándose a las necesidades del servicio y facilitando el uso por todo tipo de paciente evitando barreras tecnológicas.

En aquellos proyectos de telemedicina que han sido posteriormente medidos se han encontrado beneficios sobre la reducción del uso de servicio: Menores ingresos hospitalarios y readmisiones, menor estancia hospitalaria y menores visitas a urgencias. Incluso se evidencian reducciones de mortalidad.

Estos beneficios ya se han visto también en estudios y proyectos en España, y su repercusión en los costes sanitarios.

Como siempre, todo esto queda supeditado a que la telemedicina sea apoyada por los responsables políticos, investigadores, empresas TIC, proveedores de salud y pacientes en general

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